Futuro pluscuamperfecto

If anything can go wrong, it will
Corollary: It can
MacGillicuddy's Corollary: At the most inopportune time
- Murphy's Law


Había sido un mal día para Sebastián. De esos en los que misteriosamente se acumulan una serie de eventos lo suficientemente malos como para ser fastidiosos, pero no necesariamente tan malos como para ser una tragedia. Y eso era incluso antes de encontrarse con el extraño en su casa.

En la mañana, la última caja de leche había alcanzado para llenar sólo tres cuartos de la taza. Una de las dos tostadas tenía sabor a quemado. Un poco de mantequilla cayó sobre su corbata, dejando una pequeña mancha que sólo podía verse desde ciertos ángulos y bajo ciertas condiciones de luz, y que, por lo tanto, fastidiaba pero no ameritaba un cambio. Nada tan dramático, sólo lo justo para fruncir el ceño.

Al subir al auto notó que tenía un pequeño ruido casi imperceptible y de aparición errática. El siempre increíble clima limeño calentaba el interior a un nivel perfecto para sentir calor con el aire acondicionado apagado, pero sentir frío al prenderlo. Se vio forzado a abrir la ventana del conductor a la mitad. Al frente, dos autos avanzaban con la misma lentitud por ambos carriles, impasibles, ante los otros veinte que se acumulaban detrás. La radio de música de los ochentas había elegido para hoy, al parecer, una selección de las más oscuras canciones de esa década.

Todos los semáforos parecían ser conscientes de su presencia y cambiaban a rojo cuando estaba por llegar al cruce. Y en todos los cruces era acosado por un vendedor ambulante de golosinas que, al ver su vidrio a medio bajar, consideraba a Sebastián como una presa más fácil frente a los otros conductores con las ventanas cerradas.

- Caramelos de limón, a china la bolsa de diez. Apóyame en ese sentido pe, varón.
- No gracias. No deseo caramelos de limón.
- Ya pe varón, apóyame. Caramelos de limón pe. Siempre sirven p’algo.
- No, no.
- Pa' los sobrinos pe. Yo ya pagué pe, ya pagué.

Y fue así como, luego de una hora de manejar hasta el Callao, se enteró que el cliente que había insistido en tener una reunión a las ocho de la mañana se había enfermado. Su secretaria había pensado en llamar a Sebastián para decirle que la reunión estaba cancelada, pero al parecer tenía mal apuntado el número de su celular y sólo había podido comunicarse con un panadero en Huachipa. Le pidió a Sebastián que, a pedido de su jefe, cambie la fecha de la reunión para la misma hora del día siguiente.

Eran las 8:03 AM cuando Sebastián decidió regresar a su casa, tomarse la mañana libre y dormir un poco. A ver si al despertarse de nuevo podía engañar al universo para que piense que el mal día ya había pasado y que ahora tocaba uno bueno. Tal vez se levantaría recibiendo una llamada en la que por fin le ofrezcan un trabajo en algo relacionado a lo que se había pasado estudiando siete años. Podía escuchar la voz de su madre: "¿Para que estudias esas carreras raras? Te vas a morir de hambre. Estudia derecho, ¿no has visto cómo los abogados tienen plata?". Morirse de hambre parecía buena alternativa en ese momento.

Por supuesto que, en la ruta de regreso y en hora punta, estuvo metido casi dos horas en un terrible embotellamiento en la Javier Prado. De esos que no pueden generarse de manera espontánea y sólo ocurren cuando se encuentra presente un policía de tránsito que, para justificar su presencia, hace que los autos se detengan en la luz verde y avancen en la roja. Algo que hubieran hecho de todos modos.

Trató de escabullirse por una calle lateral. Esto requería una precisión quirúrgica para poder llevar su auto desde el carril izquierdo al derecho entre todos los otros conductores. Esperó su oportunidad. Una pequeña ventana en el tráfico. Ahí. Usar la luz direccional sólo habría provocado que el conductor que se acercaba, al verla, acelere para no dejarlo pasar porque, ah no, si yo estoy pasando primero no te me vas a meter. Aceleró en el momento preciso y logró cambiar dos carriles sin problema aparente hasta que sonó el silbato. Un policía, escondido entre unos árboles, lo estaba parando.

- Señor, me va a perdonar usted, ¿ve?, pero ha maniobrado usted temerariamente sin hacer su señalización respectiva, ¿ve?
- Pero jefe... si no venía carro...
- Mire señor, yo aquí estoy cumpliendo mi labor, ¿ve?
- Bueno, bueno. Ya. Póngame la multa nomás.
- Ah, cómo... ¿Está usted insinuando que tiene contactos arriba y que la multa no importa? No me amenace señor.
- ¿Qué? ¡No, no! Me ha entendido mal... Es que estoy apurado y quiero terminar con esto.
- Señor ¡Yo soy insobornable!

Cuando por fin consiguió llegar a casa, y con una multa por supuesto, encontró debajo de la puerta un grupo de recibos y papeles que no estaban ahí en la mañana. Revisándolos se enteró que la empresa de energía eléctrica había aumentado el tamaño de sus recibos para su mejor comprensión y para facilitarle la vida a sus usuarios. Luego descubrió que la empresa de televisión por cable había reducido el tamaño de sus recibos para su mejor comprensión y para facilitarle la vida a sus usuarios. Tanta preocupación por los usuarios se le hacía sospechosa. Rompió ambos. Total, no los pensaba pagar. Algo lo picó en la pierna. Sintió un pequeño mareo. Un extraño surgió de algún lugar y lo ayudó a sentarse en su sofá preferido. Que amable.

Algo en su cabeza le decía que algo andaba mal con la situación. Que, por más amable que fuera, encontrar un extraño en su casa no era normal. Todo le daba vueltas. No lo habia notado pero los colores eran tan vivos. El hombre se sentó frente a él en otro sofá. Trató de preocuparse pero en eso notó que la pared de su sala se estaba humedeciendo con alguna fuga de agua y eso lo tranquilizó totalmente. La vida era hermosa. La canción "Lucy in the sky with diamonds" le vino a la mente.

- Hola Sebastián, mi nombre es Jurgen.
- Hola, mucho gusto.... Lucy....
- No te preocupes. Te he inyectado un suero especial que inhibe algunas respuestas de tu cerebro. Por ejemplo, el miedo. Asi podremos facilitar la conversación. Y no te preocupes, el efecto sólo dura unas tres horas. Eso si, los diez primeros minutos son un poco atontadores.
- Que bonito.... es azul...
- Para cuando termine el efecto ya habremos terminado. Estaremos de vuelta y podremos conversar un poco sobre el futuro.

La casa dejaba de moverse poco a poco, pero aún se sentía como dentro de un sueño.

- El futuro.
- Ah sí, es de ahí que yo vengo. El año 2174 según tu calendario.
- 2174... ¿Y Perú ya ganó algún mundial de fútbol?
- ¡Ja, ja! Nunca se sabe cómo va a reaccionar una persona, pero no me esperaba esto... No, lo siento. Es una historia triste, vamos a dejarla de lado por el momento.
- Si, mejor..

De hecho todo lo que Jurgen decía parecía excelente. Si tan sólo pudiera entender por qué.

- Espera que te sirvo un poco de jugo de naranja para quitarte el aturdimiento. Yo también voy a tomar un poco, no pruebo naranja hace años. Bueno, hace años pero dentro de muchos años... ¡Bah! No enseñan en la escuela cómo hacer con la gramática cuando viajas en el tiempo.
- Debe ser futuro pluscuamperfecto. Nunca entendí qué era, pero esa palabra siempre me sonó sospechosa.

Sebastián esperó con calma mientras Jurgen regresaba con un vaso de jugo. Al probarlo sintió que, efectivamente, la mente se despejaba un poco. Podía pensar con más claridad, pero por algún motivo le era imposible reaccionar frente a la extraña situación en su sala. Simplemente una parte de su cerebro estaba apagada. Quería alterarse, asustarse, algo. Pero no podía.

- ¿Cómo sé que realmente eres del futuro?
- Bueno, te puedo contar que el próximo presidente de Brasil será de raza negra.
- ¿Y cómo se supone que voy a comprobar eso ahora?
- Excelente, estás pensando claro, cuestionando. Te necesitamos así.
- No respondes a mi pregunta.
- No hay nada que pueda decir ahora que te permita creerme, porque no tenemos tiempo para esperar. Tampoco es que sepa de memoria lo que pasó en Lima en cada momento del pasado, sólo conozco lo más resaltante de la historia, como todos. Lo que sí sé es que en cuatro años, tres meses y 12 días una explosión en tu laboratorio durante la noche destruirá tus avances en la síntesis del ARN. No podemos dejar que eso pase, es por eso que Luna me envió.
- No tengo ningún laboratorio y no conozco a ninguna Luna.
- Industrias Luna, el conglomerado tecnológico más grande del mundo desde el año 2024. Felices poseedores de una máquina del tiempo... aunque cuando el profesor Ryshko la diseñó en realidad no sabía lo que estaba haciendo. El plan era crear un impulsor hiperespacial que permitiera a una nave viajar a galaxias cercanas. Su piloto, el Capitán Kovs, desapareció en el viaje de prueba.
- Pobre.
- Para nada. Qué sorpresa nos llevamos al descubrir registros de un Georgii Kovs viviendo en Rendlesham, Reino Unido, en 1981... el cual nos había dejado un mensaje en una escultura de su creación, en un museo que él sabía que sería trasladado a Luna en el 2062 y únicamente visible con los sensores magnéticos de mi época. En fin, ya tendrás tu laboratorio, tranquilo. Te contratarán en dos años.

Sebastián sentía que algo importante se le estaba pasando, un factor que no encajaba en la historia, pero la droga no lo dejaba enfocarse. Jurgen miró rápidamente su reloj. Para ser un hombre del futuro, su reloj era sorprendentemente similar a un Tag Heuer Microtimer como el que Sebastián pensaba comprarse algún día.

- ¿Te gusta? Entonces es para tí. Te lo doy luego como un pequeño recuerdo de nuestra aventura, además de la satisfacción de salvar al mundo, claro. Todavía tenemos 11 minutos para la próxima ventana de partida, así que podemos seguir hablando.
- ¿Ventana de partida?
- Bueno, sí. Lo que sucede es que no podemos viajar en cualquier momento, tenemos que seguir la trama del espacio-tiempo. Cada instante del presente en que te encuetres conecta sólo con otros dos puntos, uno en el pasado y otro en el futuro. Por ejemplo, para llegar al momento antes de la explosión tenemos que partir en 11 minutos. Es teóricamente posible, usando una serie de saltos contínuos, llegar a un momento específico que estemos buscando. Pero por ahora nuestra máquina no soporta más de dos saltos seguidos. Créeme, de otra manera hubiera escogido otra fecha para venir por tí, pero las opciones eran pocas. Tal vez más adelante dominemos mejor la tecnología pero por ahora los instantes en los que podemos viajar son limitados.
- Y cuando terminemos a donde nos vamos.
- A ningún lado, al menos no saltaremos en el tiempo en ese momento. De hecho, luego de saltar a tu laboratorio, no tendre otra ventana de regreso a mi tiempo hasta dentro de 24 días. Así que tendremos que abrir las puertas, sacar la máquina sin que nos vean, venir a tu casa y esperar. Por eso te comentaba que el tiempo para conversar a fondo será después. Tenemos que planear cómo hacer para que nada de lo que estas aprendiendo ahora afecte mucho los próximos años.
- Es decir, que si no logramos detener esta explosión de la que hablas ese día...
- No te preocupes. El laboratorio estará protegido por puertas blindadas, pero al principio eso no importa ya que nosotros nos transportaremos dentro del edificio 70 minutos antes de la explosión. Nadie nos verá llegar. Yo sé cuales son los parámetros que hay que cambiar en el sistema de control del reactor para que no genere una reacción en cadena y cause la explosión.
- ¿Y dónde entro yo?
- Tu parte es muy fácil, sólo tienes que activar el lector biométrico. Es un escáner que revisa la estructura del sistema de arterias de tu cabeza para autenticarte como usuario registrado. Totalmente infalsificable, solo tú puedes activarlo. Necesito que lo hagas una vez para que el sistema apruebe mis cambios y detenga la reacción y luego otra vez para abrir las puertas al salir. Cuando estemos afuera cierras todo de nuevo y listo. Eres un héroe con sólo poner tu cabeza frente a una cámara tres veces. Créeme, no pienso morirme en una explosión, sé lo que hay que hacer. Quedan 9 minutos.

Increíble. Sebastián estaba emocionado, dentro de los límites que la droga permitía. Al parecer su existencia si servía de algo después de todo. Salvar al mundo. Sin embargo, algo seguía fastidiando en algún lugar de su cabeza. Tomó un poco más de jugo de naranja. ¿Qué era? Algo referente al proyecto este sobre el ADN...

- ¿Por qué es tan importante ese proyecto sobre el ADN para la humanidad?
- ARN, al final tú descubres que esa era realmente la clave de todo.
- Como sea... algo no está bien...
- En efecto. Mira, es mucha información en tan poco tiempo. Mejor te explico los detalles después.
- ¿Estás loco? Llegas a mi casa, me drogas, me cuentas historias raras sobre el futuro, me dices que voy ser un héroe... ¿Y ahora no me vas a decir por qué?
- ¡Ja, ja! En tu perfil no estaba registrado este tipo de comportamiento. Callado y sumiso, decía. Bueno, que más da. Si quieres saberlo, es tu derecho... al fin y al cabo te estamos todos agradecidos.
- Soy todo oídos.

Una imagen de unas orejas enormes le vino a la mente. Sacudió la cabeza. Tenía que prestar atención.

- En el año 2073 una civilización extra-solar hace contacto con nosotros. Al parecer su ruta los llevaba cerca a nuestro sistema cuando notaron las emisiones de nuestras centrales de fisión en el cinturón de asteroides. La verdad no conocemos muchos detalles ya que, emocionados como es natural con ese contacto, no tomamos las precauciones necesarias. En menos de nueve días la población completa de la Tierra estaba muerta a causa de un virus que ellos portaban sin tener idea de lo dañino que podía ser para las formas de vida de carbono como nosotros. Sólo un puñado de empleados de Industrias Luna sobrevivimos.

Jurgen se notaba claramente emocionado. Sebastián pensó que tenía que sentirse mal o algo. Era la Tierra después de todo. Todo el mundo. Pero como no pudo hacerlo, se limitó a preguntar.

- ¿Por qué sobrevivieron?
- Todos los involucrados habíamos estado trabajando en retomar el proyecto que se perdió con la explosión de tu laboratorio y que había sido olvidado por años. Al potenciar nuestro ARN cómo tú indicabas, se activaron cambios en nuestro sistema inmunológico, entre otras cosas. Yo soy 40% más inteligente que el humano promedio... y mis reflejos son 20% más rápidos. Pero el hecho es que nos salvamos y fue fácil determinar la razón. La única oportunidad de ayudar a la Tierra era viajar a este momento, impedir la explosión, y así conseguir que para el 2073 todos los humanos ya estemos potenciados.
- Algo se me está pasando...
- Tienes razón, vamos avanzando. Quedan sólo 5 minutos y el vehículo lo dejé en el jardín de tu casa. Ven, dame la mano. Es ahora o nunca.

Caminaron juntos hacia la parte trasera de la casa. En el jardín se encontraba un vehículo en forma de rectángulo casi perfecto, de unos 5 metros de largo y casi 2 de alto. Dos detalles rompían la monotonía del diseño: una cabina en la parte delantera con una inmensa luna transparente y unas rejillas en la parte posterior. Bueno, ese armatoste no estaba ahí en la mañana, así que todo parecía indicar que la historia de Jurgen tenía evidencia física.

- No es bonita, pero funciona. Estaba diseñada para una sola persona así que vamos a estar algo apretados... eso es... tu aquí... perfecto.

Agachado en un rincón de la minúscula cabina, Sebastián pensaba en pedir más dosis de la droga para el resto de su vida, ya que estaba seguro que se volvería loco si el efecto inhibidor desaparecía en algún momento. Jurgen apretaba una pantalla con algunos símbolos. Dos segundos después, sintió que su cabeza intentaba implosionar. El dolor fue tan intenso que perdió el conocimiento.

Oscuridad. En el fondo, sonidos apagados. Sombras moviéndose frente a sus pupilas. De pronto, un dolor en el brazo y el mundo tomó forma de nuevo. Abrió los ojos y se levanto de golpe, inhalando todo el aire que podía. Estaba en un cuarto lleno de máquinas con apariencia de bombas de agua, pero mucho más grandes.

- Hey, disculpa que te despierte así, pero el viaje te afectó más de lo pensado y has estado inconsciente casi una hora. Tuve que inyectarte un estimulante concentrado.
- ¿Qué? ¡No!
- Luego nos preocupamos de los efectos secundarios. Escucha, ya hice todos los cambios en el sistema pero necesito que vayas al lector biométrico y lo actives o en 12 minutos vamos a ser parte de la pared. Rápido, luego abres las puertas y...
- ¡No! ¡Escúchame! ¡Todo está mal! Recién puedo pensar claro con esa cosa que me has puesto... Yo... yo no puedo ser el que diseñó todo esto.
- Tranquilo, Sebastián. El estimulante te ha alterado. Concéntrate. Ven conmigo, el sensor está en esa esquina, ¿lo ves? Sólo párate al frente y listo.
- Jurgen, escúchame. Hay un error. Yo soy historiador. Estudié siete años historia, algunos dicen que por gusto. Llevo diez años vendiendo muebles de oficina. No hay forma que yo tenga algo que ver con este laboratorio.
- Claro que sí. Sebastián García, nacido en Trujillo el 30 de mayo de 1976, estudiaste en la Universidad de Ciencias del Lima, estuviste a punto de casarte en el 2001, en dos años crearás la teoría que te hará famoso. Hemos estudiado todos tus registros antes de viajar. Ahora, ponte de pie y haz lo que te digo por favor, se acaba el tiempo.
- Jurgen...
- ¿Sí?
- Yo nací en Arequipa.
- ¿Qué dices?
- Arequipa, no Trujillo. Nunca tuve novia. No sé dentro de 150 años, pero García debe ser el apellido más común en esta época.

Jurgen se quedó quieto sin decir palabra, los ojos totalmente abiertos. Lentamente, Sebastián se acercó al lector biométrico y se puso de pie frente a la cámara que se encontraba a la altura de su rostro. Una luz verde lo iluminó por unos segundos.

- Acceso denegado. Este sistema sólo puede ser operado por personal autorizado. Gracias.

Se dejó resbalar por la pared lentamente hasta sentarse en el suelo y miró a Jurgen, que no se había movido pero ahora lo observaba. Sus labios se abrieron y empezó a balbucear.

- Los registros... sólo figuraba uno... estábamos tan contentos que se hubieran conservado casi intactos al 99%... a menos que estuvieran ordenados por año y no por apellido... ese 1%... el reactor... quedan 6 minutos...
- Hey... ¿qué me puedes contar del futuro en seis minutos?

Dicen que llega un momento en el cual algunas personas analizan todas las opciones frente a una crisis y, al concluir que no hay salida posible, asumen su destino y aprovechan al máximo las circunstancias. Otros, se desesperan y pierden el control, llegando incluso a acelerar el fin. Jurgen y Sebastián resultaron ser del primer tipo. 150 años de anécdotas fueron comprimidas a 5 minutos e incluso sobró algo de tiempo para contar unos chistes y darse un fuerte abrazo. Cuando los bomberos llegaron, 24 minutos después, se sorprendieron de ver que una de las víctimas era un homónimo del jefe del laboratorio. La otra recibió la designación NN ya que no pudieron encontrar registro alguno.

Ambos datos pasaron a la policía. Uno de los oficiales a cargo de limpiar la zona le comentó a su compañero: "No lo vas a creer, pero este es el tipo al que le puse una multa hace cuatro años y nunca la pagó".



Vuelta a casa

Generally speaking, the Way of the warrior
is resolute acceptance of death.
Miyamoto Musashi


Los fuegos artificiales iluminaban el cielo de Barranco y el resplandor que se filtraba por las ventanas era suficiente para que sus sensores ópticos le mostraran la habitación sin necesidad de encender la luz. Nito Watakabe, peruano descendiente de japoneses, ex-campeón nacional juvenil de kendo y ex-consultor en seguridad de información pensaba en cómo había cambiado su vida en los últimos años.

Fuegos artificiales. Todavía recordaba cuando era normal usar pólvora para esas cosas. Ahora eran explosiones controladas de plasma, que se lograban generando una reacción en el oxígeno y el hidrógeno del aire con unos lásers. Yoroshii. Era el 31 de diciembre del 2039 y los limeños celebraban la venida del nuevo año. Eso quería decir que el próximo año cumpliría 40 años. Nacer en el año que marca el milenio facilitaba mucho los cálculos.

Dos horas antes había notado que en el primer piso de su edificio, donde funcionaba la sede principal de la Iglesia Purista del Hombre, un grupo de casi cincuenta personas estaban reunidas, orando. Si supieran que el hombre que se había mudado tres meses antes y dos pisos más arriba tenía más de 12 modificaciones cibernéticas, seguro habrían tumbado su puerta para lincharlo o algo peor. Pero sus modificaciones eran indetectables; tecnología militar, nada como esas burdas modificaciones clínicas. No es que tuvieran la más mínima oportunidad contra él, pero seguro habría tenido que matar a unos cuantos antes que lo dejaran en paz y a estas alturas quería evitar muertes inútiles a toda costa.

De hecho, eso era lo que lo había llevado al retiro luego de 20 años de impecable trabajo como operativo encubierto de grandes corporaciones. Habían sido 20 años de operaciones limpias, calculadas. Ichibyoshi no uchi. Hasta el 27 de setiembre del 2039. El hijo de nueve años del jefe de laboratorio de Genotec había olvidado su consola de juegos en la oficina de su papá. Tres segundos menos y hubiera estado fuera del radio de la explosión. Tres segundos. Fue también la cantidad de tiempo que le tomó darse cuenta que ya era suficiente.

Había preguntado el motivo de la oración a unos acólitos antes de tomar el ascensor. Al parecer el mundo se iba a acabar, por fin, en el 2040. Preguntó si era en el 2040 a la hora de Lima, porque tenía un amigo en Sidney al que pensaba llamar por televoz y tal vez el mundo ya se había acabado por allá. La expresión de sus interlocutores fue muy divertida.

Se puso de pie y caminó a la ventana, riendo. El climatizador no estaba funcionando y el calor era insoportable. La ventana no estaba diseñada para ser abierta, pero eso nunca había sido un problema. Algunos pedazos cayeron cerca de los acólitos del primer piso pero estaban tan concentrados que no se dieron cuenta. Ya mañana, tras reparar el climatizador, vería de colocar un vidrio nuevo

Fin del mundo, que ridículo.

Y en ese momento, todo explotó.

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Su mente estaba entrenada para analizar causa y efectos, pre-requisitos y jerarquías. Se había salvado gracias a un descuido del antiguo inquilino, y mucha suerte. Por supuesto que sus reflejos mejorados, ese nanocircuito implantando en su cuello que aumentaba en 60% la potencia de las señales neuromotoras, le habían permitido saltar apenas notó la explosión. Y claro, sus inhibidores de dolor le habían permitido caer sin perder el conocimiento. Justo a tiempo para evitar los restos del edificio. Su entrenamiento y experiencia también jugaron un papel fundamental. Ri gi ittai. Pero todo eso había sido tomado en cuenta por la persona que diseñó la explosión. Porque era una explosión intencional, no cabía duda. La onda de choque estaba dirigida; las estructuras habían cedido a la vez. En varias ocaciones él mismo había diseñado ese tipo de demoliciones.

No. Se había salvado porque estuvo en la ventana, refrescándose, al momento de la explosión. Y estaba ahí porque el inquilino anterior había olvidado darle mantenimiento al climatizador. Como el niño que olvidó su consola de juegos. Tres segundos. Miró a su alrededor. El edificio había colapsado. Ojalá las oraciones hayan sido escuchadas. En fin, en cualquier momento llegarían los guardias y una persona como él no podía estar cerca cuando eso pasara. Antes hubiera sido fácil, la policía de una zona cómo esta no tendría muchos recursos para perseguirlo. Pero desde que el Grupo Marihno era dueño de toda la guardia en las zonas libres del país, había invertido fuertes sumas de dinero en equipos nuevos. No quería arriesgarse.

Ahora, una persona de su profesión tiene varios problemas en una situación como esa. Primero, no podía ir a cualquier clínica para atender sus heridas. Sería como darle a reparar un avión de guerra a un mecánico de bicicletas. Segundo, era obvio que alguien lo quería muerto. En su profesión eso podía significar cualquiera de las mega-corporaciones del mundo, incluso antiguos clientes. Sólo quedaba una opción: el viejo Marcus.

Lo único bueno de ese asunto era que, en esa fecha y hora, nadie iba a notar a un hombre sucio y ensangrentado por las calles. Mientras se acercaba a las escaleras del monorriel público, recientemente terminado tras más de 50 años de construcción, vio como se acercaban los vehículos de los guardias y sus luces azules.

El monorriel se detuvo en la estación y fue muy fácil escabullirse dentro. Vacío. Serían 15 minutos de viaje hasta la ciudad autónoma de San Borja y luego 20 minutos caminando a las ruinas de La Molina. Era increíble cómo esa parte de la ciudad se había desintegrado en sólo 8 años desde la crisis del agua y la consiguiente fuga masiva de sus pobladores. Ahora era una ciudad fantasma, pero los rumores decían que Marcus estaba allí. Al menos tendría tiempo para relajarse y pensar un poco. Mirar más allá del problema actual para entender la situación. Enzan no metsuke.

Dicen los antiguos maestros que un guerrero pasa por varias etapas durante su vida. La primera es conocida como Kenshin Ittai, la unión del hombre y la espada. Para un buen guerrero hasta una hoja de papel puede ser un arma y Nito era de los mejores. Gracias a eso había vivido lo suficiente para darse cuenta que existía un nivel superior. Shiai Kyohi. La victoria es más fácil si el oponente prefiere no seguir peleando. Algunos trabajos en los últimos años habían requerido solamente que Nito hiciera notar su presencia. Concientes de que no valía la pena luchar por una causa perdida, las personas le entregaban lo que buscaba sin enfrentarlo, resignados. Pero después del último incidente en Genotec, Nito había descubierto Katsujin No Ken, la espada que otorga vida. Pelear no era la respuesta. Había llegado el momento de usar sus habilidades para una buena causa y no para el beneficio de corporaciones.

De hecho, se le ocurrió que ese podía ser un excelente título para sus memorias. Katsujin No Ken, la vida de un operativo. Había guardado notas detalladas de todas sus actividades en los últimos 20 años. Eso es. Publicaría un libro para que el mundo conociera su historia. Para que otros jóvenes no cometan sus mismos errores. Claro que primero tenía que sobrevivir este día.

"Son las cero horas, cero cero minutos" dijo una voz electrónica por los parlantes del vagón, convirtiendo oficialmente ese momento en el peor año nuevo de su vida.

La estación de destino ya estaba a la vista. La ciudad autónoma brillaba con sus propias celebraciones sobre los cientos de edificios que la formaban. Desde su posición elevada podía observar el antiguo Cuartel General del Ejército Peruano, ahora la sede central de la Corporación Zhou-Rodriguez. San Borja no dependía de la guardia del Estado Peruano para su defensa. La seguridad privada de la Corporación tenía suficiente poder para defender el país completo de ser necesario. Y ya lo había hecho en un par de ocasiones. Hacía ya mucho tiempo que los gobiernos del mundo jugaban un papel puramente smbólico y algunos sociólogos ya hablaban de ciudadanía corporativa.

Katsujin No Ken. Marcus había sido el primero en mencionarlo, hacía más de 30 años, al enseñarle los conceptos básicos del kendo. Mientras bajaba del transporte y comenzaba el camino a pie, podía recordar fácilmente:

"Cuenta la leyenda que el gran Masamune tuvo como aprendiz al famoso Muramasa, quien decididió retar a su maestro. El reto consistía en averiguar cuál de los dos famosos herreros podía crear la mejor espada. Ambos trabajaron por meses hasta que sus obras maestras estuvieron terminadas. Para demostrar su poder, Muramasa sumergió su espada en un riachuelo cercano. El filo era tal que la espada cortaba finamente no sólo los peces con los que entraba en contacto, sino también las hojas de los árboles flotando en la corriente e incluso el aire mismo. Masamune felicitó a su pupilo y procedió a sumergir su espada. Esta no cortó nada, pues tanto el agua del río, sus contenidos y el aire mismo esquivaban la fina hoja y la rodeaban sin tocarla."

Lo siguiente que supo de su antiguo sempai fue que había obtenido un trabajo en Industrias Luna cómo asesor de investigación en finanzas conductuales. Nada como una mezcla de científico y filósofo para entender el efecto de las decisiones económicas en la humanidad. Tal vez pudiera ayudarlo a conseguir un trabajo ahí. Luna era una de las pocas empresas que todavía mantenía un enfoque humanista en sus negocios. Aislados de la Tierra por 385000 kilómetros de espacio, esta empresa-estado mantenía un poder económico envidiable y una ubicación que había tirado por los suelos toda teoría geopolítica que los gobernantes del planeta desarrollaron en milenios de historia. Sus habitantes eran colonos científicos y sus avances en medicina y ciencias humanas estaban por encima de cualquier estándar terrestre. Trabajar para ellos sería un honor. Pero, ¿aceptarían ellos a un ex-operativo? Poco probable.

Ya estaba cerca. A su izquierda el árido terreno del antiguo club de golf se extendía cientos de metros. Invadido por delincuentes a principios de los treintas cuando los habitantes de La Molina dejaron la zona, había servido de refugio para la escoria marginal de la ciudad. Sin embargo, estaban demasiado cerca de la Corporación para el gusto de sus ejecutivos. Nunca se supo que arma usaron para "proteger su seguridad" en noviembre del 2036, pero lo cierto es que nunca más volvió a crecer algún tipo vida vegetal en la zona. Los que estaban ahí al momento del ataque simplemente desaparecieron. Tampoco es que nadie se preocupó mucho. Al fin y al cabo era gente que no importaba y nadie iba a cuestionar a Zhou-Rodriguez.

¿Por qué habría dejado Marcus la comodidad de Luna para regresar a Lima? Y peor aun, ¿qué estaba haciendo en una zona desierta de la ciudad? La noticia había llegado a sus oídos recientemente, cuando él mismo regresó a Barranco. Si Nito hubiera tenido la posibilidad de vivir en Luna se hubiera quedado ahí sin pensarlo dos veces. Pero dada su situación de operativo ronin, Lima era la única ciudad tranquila en la que podía pasar unos años. Ordenar sus ideas y buscar la manera de cambiar su vida. Al menos, ese era el plan hasta hacía dos horas.

Había llegado. El gran edificio se mostraba imponente a pesar de su deterioro. Se encontraba anclado en un cerro rocoso y decían que durante su construcción había sido motivo de burlas y rumores de inminente desplomo. lrónicamente, ahora era el único edificio de la zona que seguía en pie. Si sus contactos eran correctos, este era el lugar. Sólo era cuestión de ubicar a...

- ¡Alto! No te muevas.

De alguna manera, una persona había aparecido frente a él y le apuntaba con un arma. ¿Cómo era eso posible? Nadie podía moverse tan rápido. Su cerebro evaluó la situación. El hombre estaba a tres metros de distancia. Tenía poco menos de dos metros de altura, tez oscura, contextura atlética. Podía potenciar sus reflejos y llegar hasta él antes que la señal de disparar viajara de su cerebro a los músculos de su mano. Tensó un poco los músculos, midiendo.

- Ni lo intentes, Wakabe. Mis reflejos son al menos tres veces más rápidos que los tuyos y además, aunque tus inhibidores de dolor no te dejan notarlo, tu pierna izquierda esta demasiado débil como para impulsarte hasta aquí en un sólo movimiento. Y no estas contando a mis dos amigos detrás tuyo.

Imposible. No había sentido nada. Estos hombres tenían que ser seguridad de la Corporación. Si lo que decía el hombre era realmente cierto, el nivel de sus implantes era superior a lo que sus proveedores suizos estaban pensando desarrollar en el siguiente año. Sin embargo, eso le daba una esperanza. Si esos tipos lo hubieran querido eliminar, hace rato que estaría muerto.

- Sólo he venido a ver a Marcus. Sabes mi nombre, pero yo no el tuyo. ¿Quién eres?
- Dharmadev De, jefe de seguridad del sector siete, Industrias Luna. Si has llegado hasta aquí, supongo que podemos dejar que veas a Marcus. Pero bajo nuestras condiciones.
- No fue tan dificil llegar tampoco. El transporte público no es tan malo.
- Si lo fue, deberías estar muerto.
- ¿Y tú cómo lo sabes?
- Shoshin, dice Marcus, ¿no es así? Porque yo coloqué los explosivos. Ahora, síguenos.

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- Cuando se nace guerrero no se puede ser otra cosa. Uno no escoge serlo. No puede llegar a casa en las noches y dejar de serlo. No es una profesión. No es un hobbie. Es quien eres. Fluye desde adentro. Tú sólo tienes que permitirte ser lo que eres.

De pie, Nito escuchaba la voz de su viejo amigo. Marcus estaba sentado detrás de un escritorio, mirándolo a los ojos. De alguna manera no había envejecido. La última vez que lo vió debía tener unos 60 años. Pero ahora no parecía una persona de 90. Al contrario, cualquiera que lo viera pensaría que 50 era una buena aproximación. ¿En qué estaba metido?

Estaban en el último piso del edificio dentro de un cuarto con paredes de vidrio. Afuera, desde una terraza con un gran agujero que en algún momento debió haber sido una piscina, se podía observar gran parte de la ciudad de Lima. Lo habían llevado hasta ahí sin dejar de apuntarlo con sus armas ni un segundo. ¿Qué estaba pasando? Pudo notar desde el inicio que los guardias consideraban a Marcus como un superior. ¿Quería eso decir que la orden de matarlo había venido de él? Suspiró.

- Eso decías siempre, Marcus. Pero nunca lo sentí así. En estos años me he descubierto a mí mismo en cada día; siempre una persona diferente. He hecho cosas que nunca pensé posibles.
- Viejo amigo, si supieras todo lo que he aprendido en estos años. Lo equivocado que estaba. Tenías razón en no hacerme caso.
- Por algún motivo la palabra "amigo" ya no tiene el mismo peso desde que me enteré que habías mandado matarme.

Marcus se puso de pie, con una expresión de genuino dolor en el rostro.

- Escucha Nito, no fue mi idea. Yo les dije que podía explicarte y que tú entenderías. Pero no querían correr más riesgos.
- Bueno, si tus amigos querían matarme sin riesgos creo que mi presencia aquí prueba su error, ¿no?
- Por supuesto. Déjame explicarte.
- Estoy escuchando.

Marcus se sentó sobre la mesa y resipró hondo.

- ¿Recuerdas que entré a Industrias Luna? Luego de eso desaparecí por casi 30 años.
- Así es.
- Bueno, para mí eso sucedió hace sólo dos semanas.
- ¿Qué quieres decir? ¿Has estado experimentando con animación suspendida o algo así?
- No, nito. Estuve 15 días en el año 2075. Industrias Luna tiene una máquina del tiempo. Hice el viaje de regreso junto con otras personas y llegamos a este año hace dos días.
- ¡Ja, ja! ¿Pretendes que crea eso? Mira, si quieres matarme no tiene que ser de risa.
- Nito, mírame. ¿Parezco acaso de 93 años?
- Bueno, no, pero quién sabe en qué cosas...
- Katsujin No Ken, ese es el título de tu libro.

Un escalofrío recorrió el cuerpo entero de Nito Watakabe.

- Tu... ¿tú cómo sabes...?
- En el año 2073 una civilización extra-solar hará contacto con nosotros. Al parecer su ruta los llevaba cerca a nuestro sistema cuando notaron las emisiones de unas centrales de fisión que tendremos el cinturón de asteroides. Me explicaron que no se conocen muchos detalles, pero el encuentro significó el fin. En menos de nueve días la población completa de la Tierra estaba muerta a causa de un virus que ellos portaban sin tener idea de lo dañino que podía ser para las formas de vida de carbono como nosotros. Sólo un puñado de empleados de Industrias Luna sobrevivieron. Desesperados, decidieron usar un prototipo de máquina del tiempo, aún en periodo de prueba, para tratar de cambiar las cosas y darle una oportunidad a nuestra raza.
- ¿Qué estas diciendo?
- Creo que es mejor que Dharmadev continúe desde aquí.

El jefe de seguridad bajó su arma, pero sus hombres siguieron apuntando a Nito. Con un marcado acento dijo:

- Nuestro primer intento fue un fracaso. Quisimos acelerar el descubrimiento de una tecnología pero nuestra información histórica no era totalmente fiable. Perdimos el vehículo del tiempo y a la persona que enviamos en una explosión. Debido a la manera en la que funciona el vehículo, no podemos viajar a cualquier momento en el pasado, sólo escoger entre un grupo de ventanas que nos ofrece el espaciotiempo para un puñado de fechas determinadas. Además, una vez usada una ruta, no puede re-utilizarse sin aumentar considerablemente el factor de riesgo. Con sólo un vehículo más, no podíamos cometer más errores.
- ¿Qué tiene todo esto que ver conmigo?
- Ya no era posible salvar el futuro ayudando a acelerar la tecnología. La única opción era conseguir que para el 2073 no existan centrales de fisión que llamen la atención de los visitantes. De esa manera, pasarían de largo sin reparar en nosotros. Además esta opción era menos propensa a fallas. Es más fácil destruir que construir.
- Es decir... ¿retrasar el desarrollo?
- Un pequeño precio a pagar por nuestra supervivencia.
- Entonces...
- Unos cuantos accidentes en épocas precisas. Atenas en el 538BC, Alejandría en el 415DC, Roma a finales del siglo VI, Prusia en 1890... de haber sabido que ibas a poner una bomba en Genotech en estos años nos hubieras ahorrado un viaje al 2008, pero como te comenté nuestros datos no son 100% precisos. Sin embargo, estamos a sólo un paso de conseguir lo que esperamos sea el último empujón para demorar las cosas como es necesario.

Nito no podía creer todo lo que estaba escuchando. Y sin embargo, miraba a estas personas a los ojos y todo parecía tan real. Katsujin No Ken, nadie más sabía eso.

- Hasta ahora no entiendo donde encaja mi muerte en todo esto. A menos que...
- Efectivamente. Tenemos que evitar que tú hagas algo en estos años. Estamos confiados que eso es lo último que hay que hacer para salvar a la humanidad.
- Oigan pero, díganme qué es lo que no debo hacer y punto. No entiendo por qué...
- Lamentablemente no sabemos qué es. Tu nombre figura en los registros como el visionario responsable de algo, pero no sabemos qué es exactamente. Ya te dije que nuestros datos no están completos. Pero sea lo que sea hay una línea que lo conecta con los reactores de fisión. Puede ser un aparato, un dispositivo. Puede ser una idea. Puede ser tu libro. Puede ser algo que dices a alguien. No podemos arriesgarnos.
- Así que soy famoso después de todo. La historia habla de mí en el futuro como algo positivo. Y quieren quitarme eso. Quieren que mi nombre sólo quede relacionado a los terribles actos que he cometido hasta ahora.
- Estamos hablando de la raza humana versus tu ego.
- ¡Y mi vida!
- Marcus, tu dijiste que entendería.

Dharmadev dió un paso atrás y apuntó de nuevo con su arma a Nito. Este ni se movió. De hecho, no había notado nada. Marcus se acercó, poniendo la mano en su hombro.

- Hijo. Uno puede hacer algo bueno y ser famoso por ello. Pero los mayores sacrificios son anónimos.

Las palabras se escuchaban a lo lejos. Katsujin No Ken. Habían pasado 20 años y ahí estaba. No era como lo había esperado, pero estaba perfectamente claro. Ganaría la batalla más grande de todas sin usar un arma contra nadie. Sólo contra si mismo. Miró a Marcus a los ojos y este comprendió.

- Vamos Dharmadev. Dejemos a este hombre sólo.
- ¿Estás loco? Si lo perdemos ahora quién sabe si...
- ¡He dicho que nos vamos! Nito sabe que hacer.
- Pero...
- De, nos vamos.

Visiblemente molesto, el jefe de seguridad bajó el arma y con una señal sus hombres hicieron lo mismo. Con paso lento salieron del cuarto.

- Marcus, muchas gracias por todo. Y disculpa si no llegué a ser lo que esperabas.
- Por favor. Hoy eres tú el maestro, Nito-Sama.
- ¿Todavía tienes tu...?
- Mi wakisashi está en ese cajón, al costado de mi katana. La hoja está limpia y fue afilada hace menos de un mes.
- Gracias.

Nito sacó el arma corta y oró por un momento para que los kami lo ayuden en su viaje. Luego se puso de rodillas mientras Marcus, katana en mano, se colocaba a su costado.

Dos minutos después, Dharmadev De, jefe de seguridad del sector siete de las Industrias Luna vió salir por la puerta al viejo maestro al que había conocido hacía sólo dos semanas. Hace dos semanas pero más de 30 años en el futuro.

- Está hecho. Pueden regresar a casa.